Para estar guapa… no hay que sufrir ¡hay que disfrutar!

Hoy queremos dejar clara esta idea, porque ya nos sabemos que eso de que “para estar guapas hay que sufrir” es un cuento. Que con el propósito de salir de marcha monas no tenemos porqué ir haciendo equilibrismos sobre unos tacones de vértigo o estar toda la noche tirando de la minifalda para abajo con la única intención de que no nos vea las bragas todo el bar mientras sientes que el maquillaje se te va escurriendo de su sitio hasta hacerte parecer más un oso panda que una chica (ni que decir tiene el catastrófico efecto que tiene esto los días lluviosos, que por estos lares precisamente pocos no son).

Muchas hemos sufrido en nuestras carnes eso de ir corriendo por la calle porque perdemos el gautxori o el metro, con los taconazos, la mini que se te revela y parece que se quiere convertir en un cinturón y el escote del vestido que sorpresivamente se ha unido a las intenciones de la mini y mientras nosotras deseando tener tentáculos como los pulpos y no brazos para poner tenerlo todo controlado y en su sitio. Y muchas… (que levante la mano la que no) hemos vuelto a caer como moscas en el tan trillado “para estar monas hay que sufrir”.

Dicho así puede parecer cómico, pero no lo es tanto. Porque detrás de todo este patoso espectáculo está la gran cuestión ¿A quien quiero gustar cuando me preparo para salir un sábado por la noche? ¿Al resto de la gente? ¿A ese chico que se que siempre está en ese bar, allí, al fondo a la izquierda, y me pone ojitos, o se los pongo yo… o ¡yo que sé!?.

Y yo… ¿Dónde estoy? ¿Que lugar ocupo en esta ecuación? ¡Vaya! ¡Va a ser que me he vuelto a olvidar de mi misma! ¡Jolin!

¿En qué consiste realmente estar guapa? ¿Que es “gustar”?

¡Vocecita interior, te necesito!

Esta voz interior (y no es la conciencia, es nuestra propia voz, acallada muchas veces por cánones de belleza, imposiciones estéticas o estereotipos femeninos que campan a sus anchas) la tenemos todas y en cada una de nosotras es diferente, porque no hay dos iguales. Es efectivamente la que nos dice, cuando miramos a esos zapatos de vértigo si efectivamente nos gustan a nosotras, solo a nosotras. O la que nos dice que no hay que tener una cien de pecho o una talla 36 para sentirnos preciosas. La que nos enseña a que estar guapa no es más que sentirse cómoda con una misma, da igual que sea con tacones de diez centímetros o con unas playeras, con una talla S o con una talla L. En definitiva, la que nos enseña que “el gustar” empieza en nosotras mismas y en nosotras mismas termina.

Para estar guapas, no suframos. Pongámonos aquello que más nos gusta ¡¡a nosotras!! Porque disfrutando de nosotras mismas, sí que estamos bellas!

estasestupenda

Post escrito por Xandra, asistente a los encuentros realizados en San Inazio.

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Se realizará el miércoles 12 de diciembre a las 17:00 en Bilbao.

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Jóvenes que quieren ligar sin presiones

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