Yo sé que… pero al final…

Ana. 5 de la tarde del domingo después.

Lo sé. No debería estar esperando su llamada. Sé que lo que tuvimos es sólo un rollo. Que me dijo que me llamaría sólo por quedar bien, y que no me va a llamar aunque le di mi número. Y yo no tengo el suyo. Eso significa que no tiene intención de volver a hablar conmigo. Seguro. Pero aún así, aquí estoy, aquí me quedo, esperando que suene el maldito teléfono de algún modo, mensaje, llamada, whatsapp ¡lo que sea! …

Pero nada. No hay nada nuevo. Y aquí me quedo esperando.

Ainara. 4 de la mañana de un sábado. Sé que no debería seguir enganchada a este rollo. Llevo meses sabiendo que no debería seguir enrollándome con él los sábados. Lo pienso todos los días, que esto no va a ningún lado, que me estoy dejando llevar y luego me arrepiento de lo que pasa al día siguiente… Pero aquí estoy. Tonteando de nuevo con él. Creo que si me viera desde fuera me vería sonrisa de tonta… como de colgada. Pero en este momento, ya no me acuerdo de lo que pienso ni de lo que me digo todos los días. Voy a volver a caer. Pero es que…

13 del mediodía del domingo de resaca. Ufffffff! Otra vez! ¿Por qué siempre caeré?

Laura. 2 años de relación con Josu. Sé que las cosas hay que hablarlas, que los conflictos como se solucionan es hablándolos, cómo no. Y para hablarlos hay que sacar el tema de conversación. Pero luego resulta que cuando me cabreo, lo que hago es … el silencio. Ahí. Ni mu. Ni mentar. Parece que espero que se solucionen por ciencia infusa, que él va a sacar el tema porque me ve callada y se ha dado cuenta. Pero no, no lo saca. Tiene lógica, igual no se ha enterado de lo que me pasa y, si yo no saco el tema… es que no va a salir, vaya… Pero siempre me pasa, qué mal. Y lo peor es que a veces sale meses después, y ya con más rabia añadida y cabreo. ¿Por qué no diré las cosas cuando hay que decirlas, sin esperar a que se solucionen solas? Sé que debería hacerlo. Lo sé.

Itziar. 1 año de relación con alguien. Soy independiente, necesito mi espacio, no creo en esas cosas de que si quieres a alguien tienes que estar todo el rato con él, de que tienes que cambiar por él, de que tienes que avisarle de todo lo que haces, ni de que en el amor haya que sufrir y morirse por el otro, ni sea lo más importante de la vida y no haya nada más. A mi esas cosas me agobian, quiero una relación libre donde los dos estemos bien, con nuestro espacio para cada uno y eso… Pero hay veces que… me he puesto celosa, y eso no es lo que quiero en mi relación. Y hay otras veces que, casi sin darme cuenta me he visto hasta soñando con romanticismos y pensando cómo se debe sentir una cuando le dicen “me muero sin ti”. ¡Ay, pero que no! ¡Que yo no quiero eso! ¡Que va en contra de mis ideales!

Aaaaaaay…

Las contradicciones…

Son esas cosas que le pasan a cualquiera, pero que a veces nos hacen sufrir.

Yo sé lo que quiero, lo que pienso, lo que necesito o lo que me interesa… Entonces ¿por qué caigo, en el mismo error?

Sé que no me importa lo que digan los demás, pero al final, me influye. Sé que no debería enrollarme con… pero al final me enrollo. Sé que debería usar condón, pero al final, caí y no lo usé. Sé que… ¡Cuántas cosas nos pueden pasar cuando pensamiento, sentimiento y acción no van de la mano! A veces es complicado, y parece que por mucho que lo intentamos, siempre caemos en lo mismo. Pero la verdad es que se puede aprender y lo más importante quizá sea no luchar contra nuestras contradicciones, sino conocerlas.

Y es que sentirnos tontas, estúpidas, enfadarnos con lo que hacemos, negarlo… en realidad, no lleva a ninguna solución…

¿Y si escucho más a mi propia voz, y aprendo a aceptarme? ¿Y si analizo mis contradicciones para entenderlas y no sentirme tan mal con ellas? Quizá me iría mejor, haciendo un ejercicio cotidiano, y apuntándome en un papel, como cuando escribía un diario: qué quiero, qué necesito, qué termino haciendo. Si me acepto en lo que soy, lo que pienso y lo que quiero, seguro que con el tiempo, me va mucho mejor…

Si conozco mis contradicciones puedo analizarlas, ver dónde fallan, intentar cambiarlas… o aceptarlas y dejarlas como están, porque, amigas, amigos… ¿quién no tiene en su vida alguna contradicción? 😉

Este post está escrito basado en el último encuentro realizado en junio en el Módulo de San Ignacio. Desde aquí queremos agradecer a quienes se han comprometido con venir a nuestros encuentros libres, y deciros que… os esperamos después de vacaciones! 

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